MAS CHICAS CON WEBCAMS AQUI

Campamento con mi timida novia

Esta es una historia que me contó un chico que conocí en el messenger. Pablo es un chico más joven que yo, pero estoy segura de que ha vivido experiencias muy excitantes. Tiene una novia desde hace cinco años.

Se llama Violeta y tiene veinticinco años, aunque por su carita de ángel, cualquiera diría que tiene diecisiete o dieciocho. Morena, ni muy baja ni muy alta, un pecho muy, muy generoso ( Gasta una 100 de sujetador) y unas curvas en general más peligrosas que las de un puerto de montaña. Sus gustos sexuales eran normales. La de una pareja de hoy. Sin las proezas sexuales que relatan muchos en sus cuentos. Completamente normal. Una vez intentaron practicar el sexo anal, como una cosa fuera de serie, pero a las primeras le dolió y no se volvió a hablar del tema. Como os digo, son como cualquier pareja normal de jóvenes. En cuanto a su carácter es bastante tímida y cortada, muy simpática y le encantan los niños. Desde hace tiempo, pertenecían a una asociación juvenil. Pertenecían a ella desde hace bastante tiempo, desde pequeños y se conocieron en ella. Eran monitores de ella y durante el año se hacían muchas excursiones y acampadas de fin de semana. Pero lo que empezó como asociación juvenil fue degenerando en una asociación de pijos. Todos los años, en verano hacían unos campamentos en tienda de campañas pero con el tiempo estos campamentos se realizaban en casas que tenía esa asociación a los largo y ancho de España y que más que casa de colonias parecen centros de descanso de cinco estrellas a los cuales solo podían asistir los chavales cuyos padres son bastante pudientes. Pero a lo que vamos… Aquel año fueron a una casa que la asociación tiene en la costa. Un complejo con casa-dormitorio, pabellón de comedor y cocina, pabellón de aseo, campos de deporte y acceso directo a la playa. Quince días con cien chavales de edades comprendidas entre los diez y los diecinueve o veinte años. Como imaginareis, una autentica locura. Todo el día para arriba y para abajo y casi sin un momento de descanso. Levantarse a las ocho. Acostarse a las tres de la madrugada y un poquito de tiempo para un beso con Violeta o unas cuantas caricias furtivas. Era tal la falta de tiempo que tenían que quitar tiempo de la siesta para ducharse. Un día antes de comer habían jugado un partido de voley en la playa y Pablo no había tenido tiempo de ducharse. Así, que, después de comer, sin decírselo a nadie se fue al pabellón de duchas. Como no había nadie y llevaba la llave, abrió la puerta y volvió a cerrarla para que nadie le molestara. Además a esas horas nadie iba a ir a ducharse. Así que se situó en la última cabina, cuya ventaja era que el agua llegaba más caliente y además, tenía un pequeño agujero en la celosía que le permitía vigilar la puerta y la zona colectiva de las duchas. Así, que, con tranquilidad, comenzó a ducharse tranquila y relajadamente. Ya había acabado y procedía a secarse dentro de la cabina cuando oyó como la puerta se habría y entraban gritando varios chavales. Rápidamente, ya que estaba en pelota picada, cerró la puerta de la cabina, echó el cerrojo y se puse a mirar por el agujero. Unos ocho o nueve chavales, de los pequeños entraban alborozados en las duchas seguidos de Violeta. Esta iba con un bañador gris claro y chanclas de baño. De repente se acordó. Había oído durante la comida que Vio decía que se iba a tener que meter con los niños en la ducha pues los más pequeños se hacían el lavado del gato. Y eso era lo que estaba pasando. Los chavalines se desnudaban mientras ella iba abriendo los grifos para que se templara el agua. Los niños se metieron bajos los chorros y ella comenzó a frotarles con las esponjas. La verdad que era una delicia de escena. Los chavalines se lo tomaban como un juego más y Vio participaba de este juego como una más. Durante media hora se produjo una algarabía de risas, chillidos, carreras y espuma. Al final, los niños estaban aseados y Vio se encargó de secarlos, peinarlos y vestirlos. Los chavales se fueron corriendo mientras Vio se quedaba a terminar de arreglar las duchas. La verdad es que estaba preciosa. Empapado, el bañador se pegaba a su cuerpo como una segunda piel y a pesar de la distancia ( unos ocho metros) y que su bañador tenia forro, desde donde estaba Pablo apreciaba por un lado los enhiestos y oscuros pezones y su pubis aunque este solo era un difuminado ligeramente más oscuro que el bañador. Pablo estaba empezando a tener una erección enorme. Pensaba en que estaban solos y que hacía mas de quince días que no se iban a dar un homenaje. Bastaba con cerrar la puerta y…
-¡ Hola, Vio…! Sus pensamientos se vieron interrumpidos por este saludo. Procedía de uno de los cinco chavales que habían entrado… Bueno, chavales… Eran los mayores de las colonias. Tito, Jari, Lus, Pepe y Mar. De edades comprendidas entre los diecisiete y los dieciocho.
-Vaya, chicos – dijo Vio – creía que estaríais en la playa o echando una partidita al mus. -Ya pero es que nos hemos enterado que el bombón del campamento estaba duchando a los chavales y nos hemos acercado por si echábamos una mano. Los más mayores del campamento llamaban a Vio “su bombón” o “el cuerpo”… Cosas inocentes pensaba Pablo. Y hasta se le escapaba una sonrisa cuando la llamaban así, como acababa de hacer Jari.
-¡ Oooh!, chicos… Cuanto lo siento – exclamó con una sonrisa y un tono de falsa pena -… Pero he acabado hace un rato. Me hubiera encantado vuestra ayuda pero ya he acabado. Los chicos si se quedaron apenados pues parece que querían ayudar… Y digo parece porque mientras Pablo dirigía su mirada al grupo y sin que ni Vio ni Pablo se dieran cuenta, discretamente, Tito debió cerrar la puerta con la llave que Vio había dejado en la cerradura para no perderla.
-Vaya mala suerte con las ganas que teníamos de ayudarte… Bueno, no pasa nada… La próxima vez será… Vio iba a coger la toalla porque se estaba dando cuenta de las mirada, aunque furtivas, que los chicos lanzaban a las partes más prominentes y escandalosas de su empapada anatomía. Le daba muchísima vergüenza que se fijaran en ella. Pero Pepe la habló antes de que llegara a la percha de la que colgaba su toalla.
-¡ Jo!… Vaya pu… Quiero decir, que vaya mala leche… Que decepción…
-Bueno chicos… Tampoco es para tanto. Me podéis ayudar otro día… En fin… De repente pareció que se arrancaba a decir algo que no se atrevía
-Vio… Dime… Anda, haznos un favor…
-¿ Que idea tendréis vosotros en la cabeza?… A ver, ¿ Qué favor es ese que os habéis puesto colorados? En efecto, todos estaban colorados y cada uno miraba para otro sitio menos Pepe que hablaba con ella.
-Bueno… Es que… Nosotros… Vamos que quiero decir…
-Vamos, chico, arráncate que me voy a helar de frío… Entonces Jari tomó la iniciativa.
-¿ Nos puedes duchar, Vio? Pablo se quedó flipado. Cinco tíos más grandes de cuerpo que él, estaban pidiendo a su novia, a su chica que les duchara. Estaba a punto de salir de la ducha y liarse a repartir guantazos, sin reparar que estaba desnudo cuando Vio, que se les había quedado mirando atónita soltó una carcajada.
-¡ Ja, ja, ja…!… ¡ Los niñitos, los pequeñines quieren que les duche…!, ¡ Pobrecitos, ja, ja, ja…¡… Ahora se explicaba lo de la puerta. Querían intimidad. Pablo sabía que muchos de ellos ( Especialmente esos cinco) estaban por Vio pero sabía que esos enamoramientos de monitores son corrientes en los campamentos… Pero esto… ¡ Era la ostia!
-No te rías de nosotros, Vio… Jo… ¡ Ja,ja,ja…!…
-Pobrecitos los nenes, que no saben ducharse solitos… Los cinco estaban rojísimos mientras Vio seguía riéndose. Cada carcajada suya estaba acompañado por un movimiento de sus tetas y parte del bañador se le había metido por la raja del culete. De ser ella la avergonzada por las miradas, había pasado a ser ellos los avergonzados. Por fin las carcajadas de Vio remitieron. Hasta se le habían saltado las lagrimas. Los cinco continuaban de pie completamente azorados.
-Bueno, chicos… me habéis hecho pasar un rato tan divertido que os daré ese gusto. Os ducharé. ¡ Acojonante¡… ¿ Qué era lo que oía Pablo?… Su chica, la que decía que no quería ir a la piscina porque la daba vergüenza que la vieran en bañador, estaba diciendo a cinco tíos que lo iba a duchar. La verdad es que ellos alucinaron también. Se daban codazos entre ellos y sonreían. No era para menos. Que te duchara un pedazo de tía como Vio… Pero lo mejor estaba por llegar.
-Pero… – Los chicos dejaron de moverse y la miraron -… Pero, como aquí nunca se hacen distinciones entre vosotros os tendréis que duchar como los niños. Desnudos. Un silencio total cayó sobre la sala. Ellos se quedaron tan asombrados como Pablo. Lo único que se oía era el gotear de una ducha y a lo lejos, voces de algunos chavales y el oleaje del mar. No sabía ya ni que pensar.
-Per…, pero, Vio…
-Nada. En pelotas. Fuera bañadores o no hay ducha. Ellos se miraban flipados, sin saber que hacer. De repente, Mar, sin decir ni pío, se bajó hasta los tobillos el bañador, quedándose con su aparato tieso al aire. Fue la señal. Todos se quitaron sus bañadores. Cuando llegó el turno a Lus, Vio tapaba el punto de observación de Pablo así que, no pudo entender la exclamación de Vio.
-¡ Madre mía, madre mía, madre mía, madre mía…! Cuando se retiró Vio, Pablo lo entendió. Lus estaba empalmado como todos sus colegas pero él no tenía una polla. Tenía un pollón. Veinticuatro o veinticinco centímetros y grueso como un tubo. Hasta Pablo se quedó alucinado.
-Necesitaré un bote entero de gel para duchar eso – dijo Vio con una risita. Pablo estaba completamente asombrado. Me contaba que era muy tímida, pero estaba actuando de una manera desconocida para él. Y además, Pablo también estaba actuando de una manera desconocida. En lugar de salir y poner fin a todo eso, se quedaba mirando y ( lo peor de todo), se estaba empezando a empalmar. Pero todavía Vio no había colmado su capacidad de asombro.
-Vio. No es justo que tu nos duches en bañador y nosotros en bolas… Anda… No dijeron nada pero Pablo entendió a la primera lo que querían. Pensó: ” Van dados si creen que Vio les va hacer caso…”. Pues el que fue dado fui él. Vio, con una sonrisa en la cara y un escueto ” Tenéis razón”, se despojó de su bañador. Se apartó los tirantes y fue bajando el bañador. La parte inferior se quedó aprisionada en su culo y uno de ellos, muy galantemente se agachó para tirar de él. El bañador salió de su deliciosa prisión y aun estuvo un ratito atrapado es sus ingles antes de salir e ir a reunirse con los bañadores de ellos. Como os he dicho ella estaba de espaldas a Pablo y solo veía su soberbio culo. Los chavales estaban con la boca abierta mirándola como si la mismísima Venus hubiera surgido de la espuma del mar. No pensaban ni en sueños que la jugada les fuera a salir tan redonda. Y a todo esto, Pablo con un empalmamiento de tres pares de narices.
-Bueno… ¿ Os vais a quedar embobados ahí mirándome o nos duchamos? No tuvo que repetirlo dos veces. Abrieron la fila de duchas ( Creo que eran unas diez) y se metieron debajo de los chorros. Aquí Pablo pasó el peor cuarto de hora de su vida. Os explico. Diez duchas son muchas duchas. Y mucho agua. Si además te gusta el agua muy caliente eso es mucho agua caliente. Y mucho agua caliente es mucho vapor. Pues eso. Se metieron debajo del agua entre risas más distendidas, bromas y comentarios jocosos acerca del tamaño de sus “bichitos” ( Vio iba asombrando más, y más a Pablo). De repente se empezó a levantar un blanco velo de vapor. Primero fué viendo sus figuras y como Vio comenzaba a frotar con una esponja a Mar mientras Pepe se la frotaba a ella. Pero poco a poco fue difuminándose poco a poco hasta que ya no se veía nada. Solo se oían sus risas y sus voces. El pabellón, a excepción de la zona de los bancos para cambiarse estaba lleno de una espesa nube de vapor. Lo peor de todo era no saber que pasaba tras la nube. Solo sus risas, voces… Pablo estaba meditando salir y colocarme en un punto de mejor visión, como por ejemplo, las cabinas de los WC cuando se dio cuenta de un detalle: Las risas. Las voces. Nada. Nada. Silencio. Solo el caer de las duchas. Eso era peor que ver lo que había visto. ¿Que coño estarían haciendo?. De repente una risa. Era de Vio. Un gemido. Otro. Silencio. Un jadeo. Era angustioso. Pablo quería salir pero algo le obligaba a quedarse ahí escondido. Quince minutos más tarde tuvo la respuesta. El ruido de las duchas comenzó a apagarse. Las cerraban. Pero el vapor tardó un poco más en disiparse. Cuando se disipó, vio lo que jamás se le olvidará. Mar estaba de espaldas a Vio, agarrándola las tetas y amasándolas con salvajismo, a veces incluso pellizcándola los pezones. Al mismo tiempo, besaba a Vio diría casi con necesidad. Incluso de vez en cuando desenlazaban su boca solo para ver como sus lenguas estaban enlazadas. Mientras, Tito estaba de rodillas y había puesto sus piernas encima de sus hombros y aprovechaba para comerla el coño lenta y pausadamente. Vio tenía sus manos en su cabeza. Esto fue lo que colmó el vaso de su paciencia e hizo lo que tenía que haber hecho desde el principio. Se comenzó a hacer una paja. Si, lo que oís. Estaba excitadísimo. Su novia estaba dejándose follar por cinco chavales que al que menos sacaba seis años y el se cascaba una paja. Acojonante. Mientras esto ocurría, los tres restantes esperaban su turno a lo que fuera cascándosela. Pablo miraba a Lus y pensaba que como le metiera “eso” la mataba. Fijo. Finalmente, el cuadro que montaban se deshizo. Vio les dijo algo a los cinco que no oí bien, parte porque hablaba mas bajo, parte por los jadeos que soltaba. Los cinco se pusieron alrededor de ella, momento que aprovechó Jari para besarla en la boca. Ella se arrodilló en el centro del circulo que formaban ellos. No necesitó saber que le había dicho. Lo que más le dolía a Pablo de ese momento no era que le estuvieran cuerneando. No. Era la dedicación que ponía a ello. Se puso a chupar pollas como una autentica profesional. Como nunca la había visto. Increíble. Lastima que los chavales fueran eso: chavales. Porque al poco de comenzar, ellos también comenzaron… pero a correrse. Uno por uno los chorros debían caer sobre Vio porque el cerrado circulo no le dejaba ver. pero cuando se quitaron tres de los chavales, vio a Vio enchufada literalmente al monstruo de Lus. Casi la desencajaba la boca y mientras chupaba, le tocaba los cojones. Lus cerró los ojos y empezó a gritar: ” ¡Ostias, ostias, ostias…!”. Debió de correrse porque Vio se desacopló tosiendo y aguantando una arcada al tiempo que escupía una considerable cantidad de esperma y otra buena se salía de sus fosa nasales.
-Por poco me asfixias – dijo riendo y limpiándose con la mano.
-Dile a tu amiguito que tenga cuidado. El resto de los chicos fue pasando por taquilla, dejando en su cara, boca y pelo una buena cantidad de lefota, al punto que parecía que llevaba una gruesa mascara de crema facial.. Vio se irguió, masajeando sus doloridos músculos y fue a limpiarse la cara a un lavabo. Mientras hacia esto, uno de ellos fue a ponerse el bañador. ¿ Dónde te crees que vas?. Aún no hemos acabado.

Y no, no habían acabado…

Autor: Rodrigo




Deja tu comentario. Que opinas ??: