Hay que dolor…
Dolor ha sido todo lo que me ha quedado luego que me pasó, lo que me pasó.
Dolor ha sido todo lo que me ha quedado luego que me pasó, lo que me pasó. Ante todo les diré, soy “Gay” de closet, pero en pocas y contadas ocasiones, me he atrevido a ser yo misma. Lo que pasa es que la mayoría de las veces que lo he hecho, he salido muy mal parado.
Desde joven siempre me gustaron mis compañeros de clase, pero por aquello de que no me fueran a llamar maricón, nunca demostré mi verdadera preferencia, aunque ocasionalmente en los baños mi mirada se desviaba a sus miembros, pero disimulaba para no llamar la atención. Claro que a solas cuando me quedaba en casa, hacía y deshacía, vistiéndome como mejor me sentía, de mujer.
Para la época en que ya había terminado mis estudios de secundaria, un buen día, mejor dicho un mal día un ex-compañero de clases me invitó a una fiesta, y aunque no me agradaba la idea, fui por complacer a mi amigo. Cuado terminó la fiesta, mi amigo Carlos se encontraba tan y tan ebrio que no se podía mantener en pie, y no me quedó más remedio que llevarlo a mi casa, por mala suerte mis padres se había marchado a pasar ese largo fin de semana, en casa de unos parientes nuestros en la playa.
Situación que yo pensaba aprovechar para al quedarme solo en casa vestirme con alguna de las ropas de mi mamá y de mi hermana, o por lo menos ese era mi plan original. No contaba con la presencia de Carlos. A él lo dejé durmiendo en el sofá de la sala, y yo me fui a mi habitación a ponerme la ropa que previamente había escogido para ese fin, un tanga del tipo hilo dental, que yo mismo me había comprado acompañado de un pequeño sostén talla 27 A, al que rellenaba con un par de mis medias para hacerme la idea de que tenía aunque fuera un pequeño par de senos.
A mi hermana le sustraje una falda tipo escocesa extremadamente corta y una pequeña blusa que me quedaba lo suficientemente ajustada, los zapatos de tacones altos se los quité a mi mamá, lo mismo que sus panti medias. Me maquillé y me puse una hermosa peluca negra de mi madre, todo eso lo hacía mientras miraba una película porno, al tiempo que como parte de mi rutina aprovechaba y me introducía de cuando en cuando un pepino embadurnado de vaselina que llenaba mis expectativas.
Ya había terminado de arreglarme por completo y de ver la primera de las películas, cuando escuché un fuerte ruido en la sala, realmente fue tan duro el golpe, que salí disparado a ver que pasaba, sin siquiera pensar en como me encontraba vestida, al llegar a la sala me encuentro a Carlos tirado en el piso, al parecer se había levantado y tras dar un tras pies fue a dar al suelo. Para colmo de males se había orinado encima, sin realmente pensarlo mucho lo levanté y lo volví acostar en el sofá, se encontraba sin sentido por lo que no me preocupé por que me llegase a ver vestida de esa manera.
Pero cuando me di cuenta de que se había orinado, decidí quitarle el pantalón y ponerlo a remojar por lo menos, no fuera que la peste a orine se quedase pegada en el sofá. Cuando le bajé el pantalón me di cuenta de que mi amigo Carlos aparte de no usar interiores, tenía una verga casi tan grande y ancha como los pepinos que yo me empujaba, aunque se encontraba en reposo, aun y así su tamaño y grosor eran impresionantes. Luego que lavé el pantalón lo puse en la secadora, se me ocurrió pasar de nuevo por su lado, y como quien no quiere la cosa, le pasé mis dedos por sobre su grueso y largo miembro.
Por unos instantes me pareció que el muerto había reaccionado, por lo que más que todo por curiosidad volví a pasar mis dedos por sobre la piel de la verga de mi amigo, y esta comenzó a crecer poco a poco. Yo debí en ese momento suspender lo que estaba haciendo, pero no lo hice. Contrariamente, continué pasando mis dedos sobre su pene, hasta que ya casi se encontraba por completo erecto, por unos segundos soñé despierto como sería tener una relación sexual con mi amigo Carlos.
En ese instante me pareció que él había pestañado, como de rayo dejé de tocar su pene y salí corriendo de la sala, subí a mi habitación y me encerré en ella, rogando a Dios que Carlos no
me hubiera visto. A los pocos segundo de cerrar la puerta tras de mi, sentí que él la tocaba y me pedía de manera muy calmada que le abriese, me dijo que me había visto y deseaba charlar conmigo de amigo a amigo, sus palabras me parecieron sinceras. Aunque yo me encontraba asustado y confundido, con el corazón en la boca, su manera de hablarme me hizo finalmente abrirle la puerta.
Apenas quité el seguro de la puerta, Carlos le ha dado un fuerte empujón que me lanzó al piso de mi habitación, de inmediato él entró, con las medias puestas y su camisa como únicas prendas de vestir sobre su cuerpo, su miembro se movía amenazante de un lado al otro. Al verme se me abalanzó encima, y sin mediar palabra alguna comenzó a darme fuertes bofetadas, por todo mi cuerpo. De inmediato mi primera reacción, fue el protegerme el rostro, al tiempo que acurrucado en el piso lloraba, y le gritaba que dejase de pegarme, que no me pegará más.
Carlos se detuvo y me levantó como si yo fuera una muñeca, me arrojó sobre la cama, él sin perder tiempo se me fue encima. Bruscamente me dio la vuelta dejándome boca abajo, levantó mi falda y prácticamente me arrancó tanto el tanga como las panti medias, me obligó a que abriese las piernas, y de inmediato con su gruesa verga comenzó a penetrarme, de la manera más salvaje que pudo hacerlo en esos momentos. Al mismo tiempo me insultaba y vejaba diciéndome un sin fin de groserías epítetos y malas palabras. Tales como, mira maricón o me das el culo por las buenas o por las malas pero me lo das, OK.
Aunque yo acostumbraba a introducirme pepinos de grueso calibre embadurnados de vaselina, y no hacía ni media hora que me había sacado uno. Cuando su verga dura y caliente comenzó a penetrarme por el fondillo vi las estrellas, pero de dolor. La manera en que Carlos me estaba practicando la sodomía, fue bien dolorosa, por muchos aspectos. Sus gruesas manos me tomaron por la cintura y con fuerza rabiosa me apretaba contra su casi desnudo cuerpo. Yo por mi parte no hacía otra cosa que llorar y quejarme por el intenso dolor. Mientras que él me penetraba y sacaba su gruesa verga de mi culo, y continuaba diciéndome insultos.
Mueve el culo marica sucia, o te parto la cara. Yo a pesar del inmenso dolor, comencé a mover mis caderas, con la idea de que se quedase tranquilo. Pero Carlos aparte de insultarme, me propinaba fuertes nalgadas que me dejaban ardiendo la piel de mis nalgas, al tiempo que se reía como si fuera un loco. Entre otras cosas Carlos me dijo. Yo sospechaba que eras del otro lado, pero jamás pensé que te vistieras de mujer, puto maricón, pareces una puta barata de barrio. Me preguntó insistentemente a cuantos les había dado ya el culo, cuando le dije que él era el primero, parece que no me creyó, ya que continuó preguntándome, con bastante insistencia, a medida que me penetraba una y otra vez, y preguntándome si me gustaba que me dieran por el culo.
En ese momento mientras lloraba, me arrepentía una y mil veces de lo que había pasado. Carlos continuaba introduciendo fuertemente su verga dentro de mi adolorido culo, se pegaba a mi cuerpo por completo, su boca me mordía la nuca, al punto que también me causaba bastante dolor, y todo eso sin dejar de insultarme de manera continua. Mueve el culo puta, querías ser mujer, muévete como una por lo menos maricón. Al rato Carlos se debió venir dentro de mí. Ya que me apretó con mayor fuerza, y finalmente se quedó tranquilo. Yo quedé bajo su cuerpo, traté inútilmente de salirme, pero él me mantenía bajo su cuerpo y me apretaba con fuerza, tras un buen rato Carlos se levantó pero sin llegar a soltarme del todo.
Me tomó por el cuello y me obligó a que le mamase su verga. Yo no lo pensaba hacer, pero al sentir su gruesa mano contra mi cara me hizo cambiar de opinión. Me dijo, mira maricón, quiero que me la mames y te tragues todo. Como les comenté aunque su verga ya se encontraba flácida en estado de reposo, era bastante grande he impresionante, por lo menos si la comparaba con la mía propia. Rastro de su semen, de vaselina y hasta creo que de mi sangre, y quien sabe que otras cosas se encontraban por todo su grueso y colorado glande.
Ante la amenaza de que me fuera nuevamente a golpear, accedí a introducirme su miembro dentro de mi boca y comencé a chupárselo seg&uacut
e;n él me lo ordenaba. A medida que lo hacía su tamaño volvía a ser monstruoso, y realmente me era muy difícil el mantenerlo dentro de mi boca sin que no me provocase nauseas. A medida que se lo fui mamando, Carlos no dejaba de insultarme, me decía maricón mama huevo, si le vas con el cuento a cualquiera de tus amiguitos, te reviento.
Cuando menos yo lo esperaba sentí su leche caliente dentro de mi boca, gran parte de ella me vi obligado a tragármela aun en contra de mi voluntad. Cuando terminó, me preguntó donde le había escondido su pantalón, aun llorando por el dolor y la vergüenza, le indiqué que se encontraba en la secadora. Carlos salió de mi cuarto, y buscó su pantalón, el cual se puso. Yo por mi parte me había quedado bastante adolorido en mi cama, maldiciendo la hora en que se me ocurrió tocarle la verga a él.
Carlos se marchó y hasta el sol de hoy no he vuelto a verlo, y francamente no me hace falta el volver a encontrarme con él. Cuando mis viejos llegaron a casa y me vieron todo golpeado les dije que me había caído por la escalera, y eso les basto. Por un buen tiempo dejé de ponerme ropa femenina, hasta que me pude mudar solo a un apartamento. Para esa fecha ya era bastante adulto, y francamente lo hacía únicamente cuando estaba realmente solo.
Con el tiempo me hice de un pequeño grupo de “chicos” de mi edad más o menos, con los mismos intereses míos, nos reuníamos en mi apartamento. Hasta esa fecha ocasionalmente había mantenido uno que otro encuentro furtivo con otros hombres, y en la mayoría de las ocasiones hasta llegue a pagarles. Hasta que en una de esas fiestas o reuniones que hacía en mi casa, conocí a Nelson. Realmente él era el acompañante de otro de mis amigos, pero a diferencia de los demás miembros del grupo Nelson era extremadamente varonil, hasta me costaba trabajo creer que fuera el compañero de ese amigo mío que de paso era la mar de derrapado, o sea que era una loquita sin freno.
Como al mes me encontré a Nelson en la calle donde yo vivía, cargando una maleta. Lo invité a tomar un café, y me enteré que mi amiga lo había lanzado de su casa, ya que Nelson me dijo encontró a mi “amigo” con otros dos tipos en la cama, y cuando Nelson le pidió explicaciones mi amiga le pidió que se fuera, y Nelson sencillamente le hizo caso y se fue, según me contó él en esos momentos.
En mi apartamento disponía de una habitación vacía, y le ofrecí que se quedase a dormir esa noche mientras conseguía a donde acomodarse. Realmente mi intención era el ayudarlo, pero esa misma noche cambié de parecer. Cuando Nelson subió a mi apartamento, ubiqué sus cosas en la habitación vacía, y él me pidió permiso para darse una ducha. Yo a medida que él se daba la ducha me puse a fantasear, como sería acostarme con él. Pero dejé de hacer eso para ponerme a cocinar, cuando él salió del baño únicamente tenía puesta una muy pequeña toalla colocada a su cintura y el resto de su bien formado y atlético cuerpo completamente desnudo. Aunque traté por todos los medios de desviar mi mirada de su cosa.
Cuando nos sentamos a la mesa, podía ver casi sin ningún esfuerzo su enorme miembro, ya que el tope de la mesa de mi comedor es de cristal, a cada rato él me pillaba observando su verga. La verdad que Nelson estaba más que bien repartido, y se dio cuenta de cómo yo lo miraba, en cierto momento cuando habíamos terminado de cenar, al levantarnos de la mesa. Justo en la puerta de la cocina cuando los dos la atravesábamos al mismo tiempo a él se le ha caído la condenada toalla.
Yo me quedé de una sola pieza admirando su cosa, en esos momentos sentí que sus brazos rodeaban mi cuerpo, yo sentí desmayarme de la emoción, su boca me hizo caricias por sobre mi cuello, y a los pocos minutos, nos encontrábamos en medio de mi sala yo sin nada de ropa y Nelson completamente sobre mi, me acariciaba la nalgas sabrosamente, con sus grandes manos, sus dedos los comenzó a introducir por mi esfínter, y cuando me vine a dar cuenta ya él me tenía bien calzado.
Desde esa noche Nelson se convirtió en mi compañero, yo no le exigía mucho pero la mayoría de las noches dormía entre sus fuertes brazos.
Al día siguiente tanto él como yo nos íbamos a trabajar, y no lo volvía a ver hasta que regresaba a casa. Hasta esa fecha yo me daba una ducha, tanto interna como externa me ponía unos pantalones bien cortos y una camiseta, para luego preparar la comida, en ocasiones salíamos al cine como un par de amigos, o nos tomábamos alguna cerveza en el camino.
Pero cierto día encontré a Nelson registrando mis pertenencias, había encontrado gran parte de la ropa de mujer, que hacía tiempo que no usaba. Eso realmente me desagradó, me disponía a pedirle que saliera de mi apartamento, cuando me interrumpió dándome un sabroso e inesperado beso, y me preguntó si yo me podía poner esa ropa para él, por unos instantes no supe que decir, hasta que nuevamente me beso de manera apasionada, para mi fue una dicha tremenda. Después de esa tarde, la mayoría de las veces lo esperaba vestido de chica, y lo atendía a las mil maravillas, hasta amplié mi guardarropa femenino, comprando todo tipo de prendas de vestir, así como buen maquillaje y hasta pelucas y zapatos de taco alto.
En ocasiones lo esperaba usando una ligera bata de dormir semitransparente, adecuadamente maquillado y peinado, cuando Nelson se sentaba en el sofá yo le quitaba sus zapatos y medias para darle un buen masaje con aceite en sus pies, luego le bajaba la cremallera de su pantalón y me ponía a pasar mi lengua sobre su glande, en ocasiones terminaba mamándosela por completo y en otras él me daba gusto por donde a mi me gusta.
Hasta que un día se presentó a la casa con un par de tipos raros, y cuando digo raro se debe a que eran mal encarados, me dijo que eran compañeros de trabajo, yo muerto de vergüenza no quise salir de mi habitación, hasta que Nelson me convenció de que a ellos no les interesaba lo que yo fuera, les serví unos cuba libre para pasar el rato. Ese día yo cargaba una mini bellísima, que me estaba estrenando para Nelson, además de una linda blusa, me había maquillado que parecía una misma reina de belleza. En cierto momento le servía un trago a uno de sus amigos, cuando siento que una mano me agarra una nalga, y cuando me doy cuenta es uno de esos tipos.
Indignado me fui a la cocina y cuando Nelson me dio alcance, comencé a quejarme de la acción de uno de sus “amigo”, y él en ese momento me confesó que realmente no eran amigos suyos, que se trataba de dos tipos a los que les debía bastante dinero, y su intención era cobrárselo de alguna manera, cuando le pregunté la cantidad, era tal que en ese instante no podía ayudarlo.
En eso uno de ellos lo llamó a la sala, y tras discutir un rato con Nelson él regresó donde mí, para decirme que la única manera de que no le fueran a partir las piernas era que él les pagase de inmediato o que yo les hiciera pasar un buen rato. Por un momento estuve tentado a mandar a Nelson y a sus amigotes para el carajo, pero al verle su rostro me pareció que realmente estaba asustado, el pensar que le fueran a romper las piernas a mi amado, me hizo cambiar de opinión, y aceptar el satisfacer a esos dos tipos.
Cuando regresé a la sala luego que Nelson al parecer, había llegado a un acuerdo con ellos, me pidieron que me sentase en el medio de ellos dos, Nelson pidió permiso para retirarse, con la excusa de salir a comprar cigarrillos, antes de salir me dijo que lo hacía por no ver como ellos me iban a dar por el culo, que para él era tan y tan doloroso, y le daba tanta vergüenza conmigo, que prefería no estar en el apartamento mientras ellos se acostaban conmigo.
Apena salió Nelson del apartamento, los dos comenzaron a pasar sus manos por sobre mi cuerpo, hasta que uno de ellos metió sus manos por dentro de la blusa y por debajo de la falda, me tocó una tetilla y parte de mi pene, y de inmediato dio un grito y dijo. Este es un maricón. Yo me quedé paralizado, pensaba que ellos sabían yo era un hombre, de inmediato los dos se separaron de mi como si estuviera alguna enfermedad contagiosa. Yo traté de explicarles que pensaba que Nelson los tenía al tanto de mi verdadera personalidad, en ese momento me enteré que su nombre realmente no era Nelson sino Juan Luis, un reconocido estafador.
Los dos tipos registraron sus pertenencias y hasta las mías, revolviendo todo mi apartamento, ya estaban por marcharse cuando uno de ellos vio como mientras que recogía el d
esorden que habían dejado en mi habitación, me había doblado y se me podían ver por completo las nalgas. Yo pienso que al verme el culo, cuando yo estaba de doblado le provocó meterme mano. De momento sentí que uno de ellos me abrazaba por la espalda, trate de resistirme, pero un fuerte golpe en la boca de mi estomago me dejó completamente sin aire, y en consecuencia me obligó a quedarme tranquilo.
Yo me encontraba doblado por el dolor y sentí que me bajaban las pantis, y de inmediato que me comenzaban a meter su verga por mi culo, por suerte me había puesto por costumbre algo de vaselina esperando que Nelson luego se acostase conmigo esa tarde. Mis experiencias anteriores me han enseñado que de nada vale que yo me resista, por que de hacerlo de seguro la pasaría mucho peor.
Cuando ese hombre comenzó a penetrarme, procuré relajarme y hacerlo sentir bien, no fuera que luego le diera por joderme más todavía. Su compañero al vernos, se comenzó a reír y mientras se nos acercaba fue sacando su miembro de su encierro, para acto seguido ponerlo dentro de mi boca. En mi situación comprenderán que no me podía poner con cosas, más que todo por el miedo a que me fueran a continuar golpeando.
El que me estaba dando por el culo, me apretaba con fuerza, y la verdad es que lo hacía bastante bien. De cuando en cuando me decía. Niña te mueves como una de verdad, y yo más movía mi culo y apretaba mí esfínter. Mientras que continuaba mamándole la verga al otro que mantenía ambas manos sobre mi cabeza dirigiéndola, mientras se lo mamaba. La verdad que de no haber sido por lo que me pasó luego hubiera sido una buena experiencia digna de recordar como algo agradable.
Pero no fue así, yo estaba disfrutando a fondo, cuando al que se lo mamaba se vino dentro de mi boca. En ese momento sacó un arma y me la puso entre ceja y ceja diciendo, ahora te lo tragas o aquí te mueres. Como se podrán imaginar, por algo continuó vivo. El que me daba por el culo me comenzó a rasguñar las nalgas y rompió toda la ropa que yo tenía puesta a medida que me penetraba y sacaba su verga de mi culo, hasta ese momento realmente no me importó mucho lo que hicieran con mi ropa, pero a cada envestida suya como que se iba poniendo más y más violento.
Al momento que le dio por venirse, me ha dado un fuerte empujón y me tiró al piso, sacando bruscamente su verga de mi culo. Mi cabeza dio contra el piso, y luego lo vi como regaba su leche sobre mi cuerpo semidesnudo, yo pensé que lo peor ya había pasado cuando sin motivo alguno comenzó a darme patadas por todo el cuerpo mientras me insultaba y decía, que le diera el mensaje a mi marido que eso le iba a pasar a él sino pagaba su deuda. Debido a uno de esos fuertes golpes, quedé sin sentido. Cuando me desperté tenía todo el cuerpo adolorido, como pude me quité la peluca que estaba toda llena de mi sangre y toda la ropa de mujer y la tiré en una bolsa dentro de la basura, luego llamé por teléfono a emergencias medicas, dije que me habían asaltado en mi apartamento.
Como a la hora ya me encontraba en la sala de emergencias, con más de una costilla rota, mi cara parecía un saco de papas, me habían partido los dientes, en fin fue tal el ensañamiento que permanecí casi tres semanas en observación. Se abrió una investigación por parte de la policía, y como en el reporte medico salía que había sido victima de una fuerte golpiza además de que me sodomisaron. Les dije a el investigador, que habían sido tres hombres que dijeron que vendían libros, por lo cual les abrí la puerta. Pero que luego que me dieron un fuerte golpe perdí el sentido, por lo que aunque quisiera no les podía decir nada más sobre mis atacantes.
Nelson me visitó en el hospital, una sola vez, apenas me vio se marchó. Cuando regresé a mi apartamento encontré que se encontraba casi vació, según el conserje Nelson a los tres días de estar yo hospitalizado llegó con un camión de mudanzas, llevándose casi todo lo de valor, hasta mi ropa de mujer que mantenía guardada en una baúl con llave.
Yo he leído relatos, narraciones, historias o cuentos en que la persona tiene un agradable recuerdo de encuentros similares a lo que me ha sucedido a m&iacu
te;, pero en mi caso no es así. Pero desde ese día aprendí muchas cosas, y una es no confiar en nadie, así tenga una verga de oro.
Autor: Narrador